16 septiembre 2009

Lentejas


INGREDIENTES:
- ½ k. de lentejas.
- ½ cebolla (o una entera)
- 1 zanahoria
- 1 ó 2 dientes de ajo.
- 1 hoja de laurel
- un par de tomates (o salsa de tomate)
- un chorro de aceite
- un litro de agua (o algo más)
- una buena pizca de sal (o una pastilla de Avecrem)

PREPARACIÓN: echamos las lentejas en una cazuela, las cubrimos con agua y las dejamos hervir durante un minuto. Entonces tiramos el agua. (Hay quien en vez de seguir este paso, prefiere dejarlas en remojo unas horitas antes de prepararlas)

Una vez escurridas las lentejas, les echamos un chorro de aceite, un diente de ajo sin pelar, una zanahoria pelada y cortada en rodajas, una hoja de laurel, 1 cebolla, un par de chorizos y un trozo de tocino y dos tomates pelados o salsa de tomate. Removemos en el fuego durante un par de minutos.
(Yo casi siempre olvido ponerle la zanahoria y suelo pelar el ajo)
Añadimos entonces el agua y agregamos sal o Avecrem. Cuando comiencen a hervir bajamos el fuego al mínimo y las dejamos cocer hasta que se hagan. Yo las hago en olla rápida y en cuanto sube la válvula del todo, las apago.

A la hora de servir, retiramos la cebolla, el ajo y el laurel y partimos el chorizo y el tocino.

Mi tía Marité, que prepara esta receta de manera similar, pasa por la batidora el ajo y la cebolla y añade este batido a las lentejas. (Para mi gusto, quedan un poco más dulzonas, pero también están muy ricas).

COMENTARIOS:  Así es como prepara las lentejas mi madre. Recuerdo que cuando era pequeña, antes de preparalas, nos pasábamos un buen rato, limpiándolas para apartarles las piedrecillas. Hoy en día ya no hace falta.
En una próxima entrada, pondré la receta de mi suegra, unas lentejas más ligeritas. Llevan más verdura y no son tan espesas, son más caldositas. Lo que yo llamo unas lentejas al "estilo canario" (Bien buenas)



Cuando era pequeña, tenía un Antiguo Testamento adaptado a los niños que me habían regalado por mi Primera Comunión. Recuerdo que me llamó mucho la atención la lectura de la historia de Esaú y Jacob:
Un día que Esaú llegó a casa cansado y muerto de hambre, vio que su hermano Jacob había preparado unas lentejas y se las pidió. Jacob le dijo entonces que le daría un plato a cambio de su primogenitura. Como Esaú tenía mucha hambre, accedió al trato.

Lo que a mí más me llamaba la atención de esta historia, no era el hecho de que Esaú, a causa del hambre, hubiera sido capaz de ceder los derechos que tenía por ser el hermano mayor, sino que la moneda de cambio en el trato hubiera sido un simple ¡¡plato de lentejas!!.

Yo, de pequeña, me comía las lentejas sin rechistar, pero no era un plato que me volviera loca. Así que mi lógica "infantil" concluía que Esaú no era muy espabilado y que se había dejado timar. Con el paso de los años, las cosas cambian y las lentejas figuran entre mis platos preferidos, así que ahora entiendo mejor al pobre Esaú, que no sólo se dejó guiar por el hambre (siempre mala consejera), sino que cambió unos simples derechos por un verdadero manjar.